Annia García, Secretaría de Participación Política de la Mujer del PAN
Los derechos humanos son invaluables e incuestionables; sin embargo, en la práctica, aún para llevarlos a cabo se requiere valor.
No se trata de temas secundarios, ni agendas aisladas, sino de respeto a la dignidad humana que ninguna mujer debe negociar, justificar o defender.
Es por ello necesario identificar que hablar de derechos humanos implica el derecho a una vida libre de violencia, de acceso a la justicia, a oportunidades reales, a salarios dignos, a caminar sin miedo y a participar plenamente en la vida pública.
Es también entender que se tiene derecho a no ser violentadas, ni física, ni emocional, ni económica, ni digitalmente. Y es, sobre todo, hablar de la obligación del Estado de proteger estos derechos sin excusas.
Cuando hablamos de derechos humanos no basta con enumerar programas: importa que funcionen, que se sientan, que cambien vidas; importa que la protección llegue a todas, sin importar su municipio, edad o condición.
En días recientes, la Secretaría de Igualdad Sustantiva del Gobierno de Jalisco compareció ante el Congreso del Estado para informar sobre las acciones para contrarrestar la violencia hacia las mujeres. Ante los legisladores locales, la titular de la dependencia dio a conocer los programas, convenios, capacitaciones y estrategias.
Sin embargo, desde nuestro papel en Acción Nacional, debemos observar con claridad lo que sí avanza, pero también lo que aún falta para que estos esfuerzos se traduzcan en seguridad y justicia para todas.
Durante la glosa se habló de ampliar el acceso a internet para el uso de Pulso de Vida, capacitar comisarías, mapear zonas de riesgo en Puerto Vallarta, aplicar el protocolo de feminicidio, fortalecer los Centros de Justicia para las Mujeres y de coordinar acciones para disminuir la brecha salarial; no obstante, la realidad que vivimos exige más: atención efectiva ante violencia vicaria, evitar la revictimización, consolidar una Fiscalía especializada, agilizar procesos de investigación y garantizar que ninguna mujer encuentre puertas cerradas cuando busca ayuda.
También debemos reconocer que aún prevalece el miedo a nombrar la violencia, esa culpa que no les pertenece, la vergüenza que nunca debió tocarlas. Por eso insistimos en que alzar la voz no es un acto de exposición personal, sino de protección colectiva. Romper el silencio es romper el ciclo, es impedir que la agresión alcance a otra mujer en el futuro.
Definitivamente, defender los derechos humanos de las mujeres significa exigir políticas públicas que funcionen, instituciones que respondan y un sistema de justicia que deje de fallarnos; requiere acompañamiento sin juzgar, escuchar sin minimizar y actuar sin titubeos. Significa poner la dignidad al centro de todo.
Poner límites no es un acto de rebeldía: es un acto de supervivencia y de profunda dignidad. Y la dignidad de las mujeres no se negocia. Ni por afectos, ni por poder, ni por jerarquías, ni por conveniencia política.
Desde la Secretaría de las Mujeres del PAN Jalisco nuestro compromiso es claro: acompañar, exigir, proponer y defender. Señalar lo que falta, impulsar lo que se debe corregir y proteger aquello que ninguna mujer debe perder jamás: sus derechos humanos.
Porque cuando un Estado no protege a las mujeres, renuncia a su deber más básico.
Y cuando un partido calla, traiciona sus propios principios.
Hoy afirmamos lo esencial:
Los derechos de las mujeres no se discuten. Se garantizan, se protegen y se exigen todos los días.
